Parecería ser que necesitamos desarrollar nuestras economías para así generar empleos y garantizar que toda la gente tenga acceso a condiciones de vida saludables. Y aun así, de acuerdo con recientes informes (p. ej. Rockström et al., 2009), enfrentamos el peligro inminente de sobrepasar los límites del planeta, señalando la necesidad de reducir el uso de recursos y la generación de desechos para evitar una mayor degradación ambiental. Tal vez tenemos 20 años para restaurar el equilibrio del planeta si es que queremos prevenir cambios ambientales irreversibles y abruptos que traerán consigo consecuencias perjudiciales, o incluso catastróficas, para los humanos. En los últimos años, han surgido varios modelos que podrían indicar el camino a seguir y que se están discutiendo y/o implementando a nivel nacional: Economía Verde (p. ej. Corea del Sur); Civilización Ecológica (China); Economía Suficiente (Tailandia) y “Vivir Bien” (p. ej. Bolivia). Todos son potencialmente prometedores pero, aunque hay traslapes y paralelos entre ellos, actualmente representan en general direcciones de transición diferentes. Por lo tanto, es de suma importancia explorar sus consecuencias e implicaciones. Este proyecto se enfoca en dos de estos modelos, Economía Verde, dado que es actualmente el modelo dominante a nivel internacional, y Vivir Bien, porque es la alternativa mejor establecida y la más radical en términos de ética y valores. 

Recientemente una estructura normativa para la Economía Verde ha adquirido importancia a través de una serie de informes e iniciativas por parte de importantes agencias de desarrollo internacionales, en particular el UNEP (2011); el Banco Mundial (2012) y la OCDE (2011).  El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (2011) define  a una Economía Verde como aquélla que logra “…mejorar el bienestar humano y la equidad social, a la vez que reduce los riesgos ambientales y la escasez de recursos naturales” (UNEP, 2011: 16). Sin embargo, existe una variedad de usos del término y sigue siendo polémico (UNDESA, 2012). No obstante se ha intentado destacar el potencial socialmente transformador de la Economía Verde (p. ej. GEC, 2015) en general, los promotores de la Economía Verde parecen estar a favor de continuar con el modelo económico, social y cultural predominante, mientras atienden los aspectos de problemática ecológica a través de la tecnología, mecanismos de mercado y gestión mejorada. A nivel nacional, el gobierno de Corea del Sur fue el primero en promover y desarrollar una macro-política de Economía Verde acorde con esta interpretación (aunque inicialmente la enmarcaron como Crecimiento Verde en sus documentos normativos).  

Algunos argumentan que la construcción de la Economía Verde basada en el mercado ha logrado dominar la política y discurso social, ambiental y de desarrollo, mientras que las alternativas redistributivas o basadas en los derechos se han visto marginadas (p. ej. Cook et al., 2012).  Durante el debate en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible de 2012 (Rio+20), el concepto de Economía Verde y los principios subyacentes sobre cómo lograr una transición verde equitativa fueron firmemente disputados por algunos de los participantes. La mayor parte de las críticas se centraron en el descuido percibido del elemento social del desarrollo sostenible. En particular, varios de los gobiernos latinoamericanos argumentaron que el enfoque de la Economía Verde, tal como lo proponían las organizaciones internacionales, resultará dañino para la salud humana y aumentará la pobreza y la degradación ambiental porque prioriza los intereses comerciales, el crecimiento económico y las tecnologías riesgosas  (UNEP, 2013a). En cambio, algunos de estos países favorecieron una macro-política alternativa radical, “Vivir Bien”. Basada en la visión mundial de los grupos indígenas andinos, Vivir Bien, a veces también referida como “Buen vivir”, o Suma Qamaña/Sumaj Kawsay/Ñande Reko en los idiomas indígenas, que describe un enfoque comunitario y ecológicamente equilibrado para atender las múltiples crisis ambientales, a la vez que atiende las necesidades humanas y logra la equidad. Exhorta el uso de mecanismos normativos y la participación de la comunidad en la toma de decisiones para atender los problemas ambientales y erradicar la pobreza, enfatizando que no podemos Vivir Bien si otras personas u otras especies no viven bien. El gobierno de Bolivia fue la primera administración en el mundo que adoptó por completo esta filosofía con una nueva constitución (2009) que establece que todos los proyectos de desarrollo deben ser evaluados desde la perspectiva de Vivir Bien. El compromiso de Bolivia con este enfoque fue evidente con la introducción, en 2012, de la “Ley Marco de la Madre Tierra y Desarrollo Integral para Vivir Bien”, que establece 11 derechos de la naturaleza. Por ahora, las principales críticas al enfoque de Vivir Bien han sido que tiene diversas interpretaciones, que es una herramienta más polémica que práctica, y que su implementación se ha visto restringida por la dependencia continua de la extracción de recursos (ver Bell, 2014).   

Por lo tanto, tanto el modelo de la Economía Verde como el de Vivir Bien incorporan grandes esperanzas y preocupaciones. Aun así, el debate interactivo entre sus defensores y opositores ha sido mínimo y hay muy poca investigación acerca de su implementación práctica y su éxito relativo para ofrecer un conjunto de objetivos. En 2013 el Consejo de Administración del UNEP reconoció las diferentes rutas disponibles para lograr una economía eficiente en recursos, de baja generación de carbono y socialmente incluyente y pidió que la UNEP comenzara a “recolectar dichas iniciativas, esfuerzos, prácticas y experiencias sobre diferentes enfoques, visiones, modelos y herramientas, para diseminarlos, y facilitar el envío de información entre países, con el fin de apoyarlos a promover el desarrollo sostenible y erradicar la pobreza”  (UNEP, 2013b). Desde entonces, el proyecto de la UNEP “Fortalecimiento de la Cooperación Sur-Sur – Construyendo la Capacidad de Países en Desarrollo para Promover Economías Verdes” ha iniciado un foro para países del Hemisferio Sur para que compartan sus experiencias con la transición nacional verde  (UNEP, 2013d; 2014).  Sin embargo, este programa de duración limitada se termina en el 2015 por lo que este proyecto de Líderes Futuros de Investigación de ESRC se construirá a partir de esta importante iniciativa para encontrar sinergias en los modelos de transición.